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¿Quién soy?

Durante nuestra infancia esta pregunta no nos la hacemos básicamente porque no es algo que sintamos la necesidad de preguntarnos. Y todo es porque no precisamos demostrarnos, ni aclarar a nadie quienes somos, porque sencillamente vivimos LO QUE SOMOS.

Observando a mis hijos me podido dar cuenta de esto. Ellos me han hecho caer en cuenta que no les hace falta saber quiénes son, porque no existe ese “yo soy” y todo lo que sigue.

Ellos no tienen conceptualizado en sus mentes ese YO de la manera que sí que lo tenemos los adultos.

Papa, mamá, familiares y demás personas a nuestro alrededor, nos enseñan desde bien temprana edad  “quienes somos”, y lo importante que es definirse y decantarse por algo.

Y en algún momento de nuestro crecimiento empezamos a construir ese YO, y a dotarlo de sus propias etiquetas, características, personalidad, historias, creencias, ideas, etc.

Y a partir de ahí, se forma una versión sobre nosotros mismos que perdurará a lo largo del tiempo.

Pareciera que, contra más solidez y definiciones tenemos acerca de ese Yo, más grandes y fuertes nos sentimos.

El YO SOY…, se convierte en nuestra definición de lo que creemos que somos de verdad.

Con ese conocimiento acerca de quienes somos sentimos que nos da más valor para poder afrontar el mundo que cada día se nos presenta. Ese mundo incierto en el que tenemos que vivir nuestra vida humana.

Pero dentro de ese incierto, nuestra mente inquieta e insegura encuentra alivio, porque tiene la certeza de saber quién es ese YO SOY.

¿Quién eres tú?

Seguramente a esta pregunta te saldrán algunas de estas contestaciones: Yo soy hija de tal y tal. Soy madre. Soy esposa de. Soy soltera. Soy divorciada. Soy viuda. Soy hermana de. Yo soy hija única. Soy una trabajadora. Yo soy una fracasada. Yo soy tranquila. Yo soy discreta. Yo soy tímida. Yo soy feliz. Yo estoy depresiva. Yo tengo ansiedad. Yo no soy feliz. Yo no sé quién soy pero si sé lo que me gusta y lo que no…

 

Si te fijas, ese YO SOY siempre viene acompañado de alguna de esas etiquetas que hemos asumido que somos, y desde allí es donde nos relacionamos con algo.

 

Mi propuesta para ti, en este pequeño escrito es que te preguntes algo que ya te he enseñado al principio de este escrito: ¿Qué ocurriría si al preguntarte “quién eres tú” dejaras de lado todas esas etiquetas y definiciones que crees tener sobre ti misma? ¿Cómo te describirías antes de todas esas calificaciones que tienes sobre ti misma?

A lo que me estoy refiriendo es a VER en ti aquello que es evidente en un niño: que simplemente ERES.  Sin necesidad de descripciones o adiciones para explicar a nadie, ni a ti misma, sobre quién eres.

Cuando VES que simplemente ERES, no hay necesidad de crear esa falsa seguridad entorno a descripciones y etiquetas, porque se vuelve algo innecesario.

Lo que ocurre, como les sucede a los niños, es que nunca sabes quién vas a ser de un momento a otro. Pues en cada momento ERES TODO, y a la vez, puedes estar viviendo un momento de tristeza y sentirte triste, o estar experimentando un momento de alegría.

Puedes estar haciendo de madre, de hermana, de tía…

Puedes sentir que en un momento tienes toda la confianza del mundo, y en otro sentir que tienes mucha inseguridad.

Esto nos demuestra que eso que estamos viviendo es algo pasajero, transitorio y que cuando marche, seguiremos siendo ese YO SOY sin necesidad de nada más que añadir.

Tú eres esa esencia pura que permanece inalterable. Tú eres ese YO SOY antes de cualquier calificación o etiqueta.

Tú eres la vida fluyendo en ti.

Y ese YO SOY simplemente es tu propia naturaleza.

Tú eres la que vive cada experiencia como una invitación a poder dejar fluir todo ese potencial ilimitado que hay en ti, porque ese YO SOY, no tiene límites, puede ser cualquier cosa que necesite ser, sin necesidad de serlo permanentemente.

 

¿Qué estás sintiendo ahora mismo?

Párate EN ESTE MOMENTO y observate sin juzgarte. 

Date el permiso de que estas palabras resuenen en ti, no desde tu mente, sino desde tu esencia, desde tu corazón, desde tu alma.

Date permiso para escuchar a esa vocecilla que sabes que siempre está ahí para ayudarte, y que no tiene nada que ver con tu mente.

Si te ha gustado mi artículo, por favor, compártelo con tus seres más queridos y con los que no lo son tanto. Vamos a darle la oportunidad a todos de ver el mundo con otros ojos.

Te agradecería que me dejaras cualquier comentario que creas oportuno, estaré encantada de leerte y responderte.

Muchas gracias por estar ahí.

Con todo mi cariño,

Coaching de transformación

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  • Yudith acevedo

    Excelente!! Lo reflexionare!!