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Celebremos juntos el día de la Amabilidad

“No hace falta forzar la amabilidad, somos innatamente amables”

 

Sí, es así. Aunque nos empeñemos en ver que la amabilidad es un valor cultural que hay que practicar y construir de manera activa, la amabilidad es una virtud que viene por defecto cuando naces.

 

Ahora, como todo lo que ocurre con lo que pasa a través de nuestras manos, hay una deformidad y un cambio de significado de lo genuino de esta virtud, haciéndola, como todo lo que tocamos, manipulable, medible y convirtiéndola en algo ficticio.

 

Pero intentemos ir a lo más universal del origen de la amabilidad.

Sé que incluso la misma palabra tiene diferentes connotaciones y significados para cada persona, pero digamos que cuando uno piensa en esa palabra, enseguida la relaciona con otras como el amor, la comprensión, la generosidad y la empatía.

 

Si miramos a los niños más pequeños, vemos que ellos no necesitan ceñirse a la palabra amabilidad, ni a practicarla, ellos son amables de naturaleza, pero cuando lo sienten.

Lo que ocurre, es que, de adultos, empezamos a poner esta cualidad innata como algo de obligado cumplimiento. Y, por lo tanto, aquel que no practique la amabilidad, será cuestionado, criticado y juzgado. Incluso, se le podrá tachar de mala persona, sin sentimientos y ni corazón.

 

Entonces empezamos a medir si uno es muy amable, poco amable, si ha realizado tantos actos de amabilidad… Si su acto no es tan amable como el de otro… Vamos, que la amabilidad se convierte en el acto ficticio de inclusión para ser aceptado en el bando de las buenas personas. Un acto que te abrirá muchas puertas.

 

Pero dejando a un lado, ese concepto sociocultural podemos tener la intención de ver que:

La amabilidad es. Y no hay barra para medirla.

Somos amabilidad y cuando toca que se manifieste, se manifiesta. Sin necesidad de tener que querer hacerlo intencionalmente.

La amabilidad no se piensa, la amabilidad fluye.

 

Ahora, podemos tener la intención de querer llevar a cabo actos, que, acaben representado la amabilidad.  Pero, la amabilidad no se lleva como una bandera, la amabilidad no se practica.

La amabilidad es un motor que puede llevarte a impulsarte para actuar y realizar alguna cosa en representación de ella, pero no es ella en sí.

 

La amabilidad se siente, se vive, se disfruta, pero no se puede retener ni en un acto ni, en una palabra.

 

La amabilidad es tan infinita como el amor que la acompaña, ambos de la mano navegan por nuestros espíritus a través de la red de la sabiduría que nos une.

 

La amabilidad es dulce como un caramelo, anima, levanta, consuela y fortalece, por eso se busca crearla, medirla, retenerla, practicarla y comunicar a los otros que la vivimos.

 

Hoy 13 de noviembre es el día que se señaló en el calendario para celebrar la amabilidad.

Esta celebración responde a esa peculiaridad nuestra de querer organizar, etiquetar y clasificar todo, para poder llevar a cabo nuestro día a día de una manera más cómoda.

 

Qué bueno que hacemos esas cosas, pero no perdamos el norte de lo que es la amabilidad por esta celebración.

 

No dejemos perder el origen de la amabilidad, no dejemos de verlo por lo que es.

La amabilidad es el fluir interno que conecta a nuestras esencias cunado reconocen que son una sola. Luego viene el acto, que se ha impulsado por este sentir.

 

Querido lector@, feliz día de la amabilidad, brindo por hoy y por todos los días que la amabilidad corre constantemente por nuestra vida.

 

¿Qué estás sintiendo ahora mismo?

Párate EN ESTE MOMENTO y mírate.

Date el permiso de que estas palabras resuenen en ti, no desde tu mente, sino desde tu esencia, desde tu corazón, desde tu alma.

Date permiso para escuchar a esa vocecilla que sabes que siempre está ahí para ayudarte, y que no tiene nada que ver con tu mente.

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Te agradecería que me dejaras tu comentario al respecto.

Muchas gracias por estar ahí.

Con todo mi cariño,

Coaching de transformación

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